Hábitats vivos donde el bienestar animal y la ciencia guían todo lo que ves.

A comienzos del siglo XX, Nueva York reservó una gran zona de Bronx Park para un nuevo tipo de zoológico — más allá de las viejas ‘menageries’, con hábitats vivos y ciencia. Cuando abrió en 1899, el Bronx Zoo asumió una misión ambiciosa: cuidar a los animales con compasión, estudiarlos con curiosidad e invitar al público a una conversación reflexiva sobre la naturaleza. En una ciudad en expansión, el zoo ofrecía algo esencial: verde, aire fresco y aprendizaje observando la vida.
Con las décadas, su filosofía maduró. Los barrotes dieron paso a fosos y praderas; los rincones estrechos a vistas abiertas y bosques plantados. Cada evolución reflejó una comprensión más profunda del comportamiento y el bienestar animal. El objetivo, transformador y claro: mostrar a los animales como parte de sistemas vivos, despertar asombro sin artificio y compartir conocimiento que invite a implicarse.

Desde la selva interior de JungleWorld a los miradores boscosos de Tiger Mountain y el amplio Wild Asia Monorail, todo busca inmersión sin saturar. Los senderos curvan para revelar hábitats con buen ritmo; la vegetación recrea estratos — copa, sotobosque y suelo — para que los animales elijan privacidad o cercanía. La escena serena es fruto de un diseño preciso con roca, agua, sonido y luz.
Congo Gorilla Forest destaca como hito del relato inmersivo, uniendo asombro y resultados tangibles de conservación. Sus ingresos apoyaron proyectos en el terreno, convirtiendo minutos tranquilos ante un mirador en ayuda real a grandes simios y bosques. Este es el enfoque del Bronx Zoo: diseño guiado por ciencia del comportamiento, interpretación inteligente y belleza que invita a pensar.

El Bronx Zoo forma parte de la Wildlife Conservation Society (WCS), una red de acuarios y zoológicos conectada a programas de campo globales. Científicos de la WCS siguen migraciones, protegen bosques y colaboran con comunidades para salvaguardar especies en regiones prioritarias. En el zoo, estas historias se traducen en exposiciones y programas que hacen cercanos retos lejanos — un puente entre senderos urbanos y espacios salvajes.
El cuidado y la conservación atraviesan cada decisión, desde nutrición y protocolos veterinarios hasta recomendaciones de cría y enriquecimiento. La investigación modela el manejo; los cuidadores ajustan rutinas para el bienestar; y la educación conecta pequeños gestos con grandes impactos. Un mensaje constante y esperanzador: cuidar bien aquí ayuda a que la vida prospere allá fuera.

Puertas históricas y edificios Beaux‑Arts anclan el recinto, recordando que el zoo es tanto espacio cívico como parque de vida salvaje. Arcos de piedra y tejados de cobre enmarcan vistas hacia el Bronx River; puentes te llevan a otros mundos — pabellones tropicales, praderas abiertas y rincones de sombra para descansar.
La arquitectura acompaña sin competir. Lo antiguo y lo nuevo conviven — una fachada clásica abre a un hábitat moderno, una plaza histórica conduce a un bosque vivo. El ritmo combina amplitud y cercanía, con lugar para la gente y espacio para la calma.

Detrás de cada ventanal tranquilo hay una coreografía de cuidados. Enriquecimientos — comederos de ingenio, rastros de aromas, texturas nuevas — mantienen mente y cuerpo activos. Nutricionistas ajustan dietas, veterinarios realizan controles y curadores coordinan equipos para atender con precisión y empatía a cada especie.
La investigación es práctica y humana. La observación del comportamiento guía ajustes en la exposición; el entrenamiento facilita cuidados médicos cooperativos; y los planes de bienestar cambian con las estaciones. La serenidad que ves se sostiene con capas de experiencia, un trabajo profundo y constante.

La educación está entretejida en el recorrido. Charlas de cuidadores y experiencias guiadas construyen comprensión, de la biología básica a los grandes retos de conservación. Niños y niñas disfrutan de búsquedas del tesoro y experiencias táctiles, descubriendo cómo gestos sencillos — reciclar, plantar nativas, elegir productos sostenibles — ayudan a la fauna.
Días comunitarios y tradiciones de temporada reúnen a vecinos y visitantes. El zoo se convierte en un espacio común donde la ciudad se encuentra con la naturaleza — un lugar para bajar el ritmo, mirar de cerca y sentirse parte de algo mayor.

Varias opciones facilitan la visita: metro 2/5 a West Farms Sq–E Tremont Av con paseo sencillo; B/D a Fordham Rd y un bus rápido; o Metro‑North a Fordham con breve trayecto hasta Southern Boulevard. Autobuses exprés y locales sirven las puertas; el transporte por app ayuda cuando llevas equipo o peques.
Conducir es cómodo para familias y grupos, sobre todo con cochecitos o picnic. Los aparcamientos están bien señalizados junto a las entradas; llega temprano en días punta. Si hay tráfico, adopta el plan tranquilo: aparca una vez, marca una ruta fácil y deja que el día fluya a pie.

Los caminos son accesibles y bien nivelados, con rampas, baños adaptados y señalización clara. Trae lo que necesites — cochecito para peques, sombreros en verano, capas en invierno — e incorpora pausas en bancos y cafés sombríos.
El clima y el mantenimiento pueden afectar horarios, especialmente en atracciones al aire libre. Un vistazo a las actualizaciones del día mantiene tu ruta flexible y agradable.

Primavera trae verdes tiernos y la emoción de nuevas crías; verano es largo y animado; otoño luce luz dorada y brisas suaves; invierno ofrece senderos tranquilos y cercanía inesperada. Las experiencias de temporada se adaptan al momento para que cada visita se sienta nueva.
Talleres, programas temáticos y días comunitarios marcan el ritmo. Seas nuevo o miembro de toda la vida, el calendario da motivos para volver — y nuevas historias para llevarte.

Reserva entradas con horario para asegurar tu día, y añade atracciones o experiencias de temporada si te gusta un itinerario más completo. Este paso sencillo relaja el ritmo al entrar.
Las membresías ofrecen gran valor en visitas frecuentes y apoyan cuidados y conservación. Elige la opción que vaya con vuestro ritmo — la forma suave de convertir un día en una temporada de descubrimientos.

Operaciones conscientes — uso del agua, mantenimiento de hábitats, reducción de residuos — mantienen un entorno sano y acogedor. La conservación empieza en casa; el zoo modela decisiones que respetan lugar y especies.
Los visitantes también cuentan: sigue las indicaciones, cuida los caminos y comparte lo aprendido. Pequeñas acciones, repetidas, suman — aquí y más allá de las puertas.

Bronx Park envuelve el zoo con verde generoso, con senderos junto al río ideales antes o después de tu visita. Muy cerca, el New York Botanical Garden (NYBG) ofrece colecciones vivas y exposiciones de temporada que invitan a pasear sin prisas.
Haz un día completo: fauna por la mañana, jardines por la tarde y picnic bajo los árboles entre medias. La naturaleza urbana se expande cuando le das tiempo — y un poco de curiosidad.

El Bronx Zoo invita a millones a conectar con la vida salvaje y ver el cuidado en acción. Convierte curiosidad en respeto y momentos de asombro en compromisos duraderos — un puente entre la ciudad y el mundo vivo que compartimos.
Cada visita sostiene hábitats, educación y ciencia. En una ciudad bulliciosa, el zoo recuerda que la naturaleza está cerca, es resiliente y merece ser apreciada — hoy y para las generaciones futuras. 💚

A comienzos del siglo XX, Nueva York reservó una gran zona de Bronx Park para un nuevo tipo de zoológico — más allá de las viejas ‘menageries’, con hábitats vivos y ciencia. Cuando abrió en 1899, el Bronx Zoo asumió una misión ambiciosa: cuidar a los animales con compasión, estudiarlos con curiosidad e invitar al público a una conversación reflexiva sobre la naturaleza. En una ciudad en expansión, el zoo ofrecía algo esencial: verde, aire fresco y aprendizaje observando la vida.
Con las décadas, su filosofía maduró. Los barrotes dieron paso a fosos y praderas; los rincones estrechos a vistas abiertas y bosques plantados. Cada evolución reflejó una comprensión más profunda del comportamiento y el bienestar animal. El objetivo, transformador y claro: mostrar a los animales como parte de sistemas vivos, despertar asombro sin artificio y compartir conocimiento que invite a implicarse.

Desde la selva interior de JungleWorld a los miradores boscosos de Tiger Mountain y el amplio Wild Asia Monorail, todo busca inmersión sin saturar. Los senderos curvan para revelar hábitats con buen ritmo; la vegetación recrea estratos — copa, sotobosque y suelo — para que los animales elijan privacidad o cercanía. La escena serena es fruto de un diseño preciso con roca, agua, sonido y luz.
Congo Gorilla Forest destaca como hito del relato inmersivo, uniendo asombro y resultados tangibles de conservación. Sus ingresos apoyaron proyectos en el terreno, convirtiendo minutos tranquilos ante un mirador en ayuda real a grandes simios y bosques. Este es el enfoque del Bronx Zoo: diseño guiado por ciencia del comportamiento, interpretación inteligente y belleza que invita a pensar.

El Bronx Zoo forma parte de la Wildlife Conservation Society (WCS), una red de acuarios y zoológicos conectada a programas de campo globales. Científicos de la WCS siguen migraciones, protegen bosques y colaboran con comunidades para salvaguardar especies en regiones prioritarias. En el zoo, estas historias se traducen en exposiciones y programas que hacen cercanos retos lejanos — un puente entre senderos urbanos y espacios salvajes.
El cuidado y la conservación atraviesan cada decisión, desde nutrición y protocolos veterinarios hasta recomendaciones de cría y enriquecimiento. La investigación modela el manejo; los cuidadores ajustan rutinas para el bienestar; y la educación conecta pequeños gestos con grandes impactos. Un mensaje constante y esperanzador: cuidar bien aquí ayuda a que la vida prospere allá fuera.

Puertas históricas y edificios Beaux‑Arts anclan el recinto, recordando que el zoo es tanto espacio cívico como parque de vida salvaje. Arcos de piedra y tejados de cobre enmarcan vistas hacia el Bronx River; puentes te llevan a otros mundos — pabellones tropicales, praderas abiertas y rincones de sombra para descansar.
La arquitectura acompaña sin competir. Lo antiguo y lo nuevo conviven — una fachada clásica abre a un hábitat moderno, una plaza histórica conduce a un bosque vivo. El ritmo combina amplitud y cercanía, con lugar para la gente y espacio para la calma.

Detrás de cada ventanal tranquilo hay una coreografía de cuidados. Enriquecimientos — comederos de ingenio, rastros de aromas, texturas nuevas — mantienen mente y cuerpo activos. Nutricionistas ajustan dietas, veterinarios realizan controles y curadores coordinan equipos para atender con precisión y empatía a cada especie.
La investigación es práctica y humana. La observación del comportamiento guía ajustes en la exposición; el entrenamiento facilita cuidados médicos cooperativos; y los planes de bienestar cambian con las estaciones. La serenidad que ves se sostiene con capas de experiencia, un trabajo profundo y constante.

La educación está entretejida en el recorrido. Charlas de cuidadores y experiencias guiadas construyen comprensión, de la biología básica a los grandes retos de conservación. Niños y niñas disfrutan de búsquedas del tesoro y experiencias táctiles, descubriendo cómo gestos sencillos — reciclar, plantar nativas, elegir productos sostenibles — ayudan a la fauna.
Días comunitarios y tradiciones de temporada reúnen a vecinos y visitantes. El zoo se convierte en un espacio común donde la ciudad se encuentra con la naturaleza — un lugar para bajar el ritmo, mirar de cerca y sentirse parte de algo mayor.

Varias opciones facilitan la visita: metro 2/5 a West Farms Sq–E Tremont Av con paseo sencillo; B/D a Fordham Rd y un bus rápido; o Metro‑North a Fordham con breve trayecto hasta Southern Boulevard. Autobuses exprés y locales sirven las puertas; el transporte por app ayuda cuando llevas equipo o peques.
Conducir es cómodo para familias y grupos, sobre todo con cochecitos o picnic. Los aparcamientos están bien señalizados junto a las entradas; llega temprano en días punta. Si hay tráfico, adopta el plan tranquilo: aparca una vez, marca una ruta fácil y deja que el día fluya a pie.

Los caminos son accesibles y bien nivelados, con rampas, baños adaptados y señalización clara. Trae lo que necesites — cochecito para peques, sombreros en verano, capas en invierno — e incorpora pausas en bancos y cafés sombríos.
El clima y el mantenimiento pueden afectar horarios, especialmente en atracciones al aire libre. Un vistazo a las actualizaciones del día mantiene tu ruta flexible y agradable.

Primavera trae verdes tiernos y la emoción de nuevas crías; verano es largo y animado; otoño luce luz dorada y brisas suaves; invierno ofrece senderos tranquilos y cercanía inesperada. Las experiencias de temporada se adaptan al momento para que cada visita se sienta nueva.
Talleres, programas temáticos y días comunitarios marcan el ritmo. Seas nuevo o miembro de toda la vida, el calendario da motivos para volver — y nuevas historias para llevarte.

Reserva entradas con horario para asegurar tu día, y añade atracciones o experiencias de temporada si te gusta un itinerario más completo. Este paso sencillo relaja el ritmo al entrar.
Las membresías ofrecen gran valor en visitas frecuentes y apoyan cuidados y conservación. Elige la opción que vaya con vuestro ritmo — la forma suave de convertir un día en una temporada de descubrimientos.

Operaciones conscientes — uso del agua, mantenimiento de hábitats, reducción de residuos — mantienen un entorno sano y acogedor. La conservación empieza en casa; el zoo modela decisiones que respetan lugar y especies.
Los visitantes también cuentan: sigue las indicaciones, cuida los caminos y comparte lo aprendido. Pequeñas acciones, repetidas, suman — aquí y más allá de las puertas.

Bronx Park envuelve el zoo con verde generoso, con senderos junto al río ideales antes o después de tu visita. Muy cerca, el New York Botanical Garden (NYBG) ofrece colecciones vivas y exposiciones de temporada que invitan a pasear sin prisas.
Haz un día completo: fauna por la mañana, jardines por la tarde y picnic bajo los árboles entre medias. La naturaleza urbana se expande cuando le das tiempo — y un poco de curiosidad.

El Bronx Zoo invita a millones a conectar con la vida salvaje y ver el cuidado en acción. Convierte curiosidad en respeto y momentos de asombro en compromisos duraderos — un puente entre la ciudad y el mundo vivo que compartimos.
Cada visita sostiene hábitats, educación y ciencia. En una ciudad bulliciosa, el zoo recuerda que la naturaleza está cerca, es resiliente y merece ser apreciada — hoy y para las generaciones futuras. 💚